El capitalismo ha formulado su tipo ideal con la figura del hombre unidimensional. Conocemos su retrato: iletrado, inculto, codicioso, limitado, sometido a lo que manda la tribu, arrogante, seguro de sí mismo, dócil. Débil con los fuertes, fuerte con los débiles, simple, previsible, fanático de los deportes y los estadios, devoto del dinero y partidario de lo irracional, profeta especializado en banalidades, en ideas pequeñas, tonto, necio, narcisista, egocéntrico, gregario, consumista, consumidor de las mitologías del momento, amoral, sin memoria, racista, cínico, sexista, misógino, conservador, reaccionario, oportunista y con algunos rasgos de la manera de ser que define un fascismo ordinario. Constituye un socio ideal para cumplir su papel en el vasto teatro del mercado nacional, y luego mundial. Este es el sujeto cuyos méritos, valores y talento se alaban actualmente. (Michel Onfray)


sábado, 18 de marzo de 2017

MADRE (2017)




«Landschaft mit Regenbogen», Caspar David Friedrich (1810)

MADRE

No vengas todavía, madre,
no vengas todavía con tu silencio eterno,
no me aniquiles aún con tu beso pétreo.

No penetres aún en mí,
guarda tu secreto, madre,
no me lo desveles todavía,
que aún no domino el arte del silencio,
que aún permanezco preso del sueño.

No me despiertes todavía,
madre implacable,
madre nuestra,
no me desveles tu secreto
hasta que no acepte el fin de mi tiempo,
no temeroso, sino con conciencia serena,

No vengas todavía, madre,
no penetres aún en mí,
no vengas todavía con tu silencio eterno,
que aún no he aprendido a aceptarte,
que aún no domino el arte del silencio.






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