El capitalismo ha formulado su tipo ideal con la figura del hombre unidimensional. Conocemos su retrato: iletrado, inculto, codicioso, limitado, sometido a lo que manda la tribu, arrogante, seguro de sí mismo, dócil. Débil con los fuertes, fuerte con los débiles, simple, previsible, fanático de los deportes y los estadios, devoto del dinero y partidario de lo irracional, profeta especializado en banalidades, en ideas pequeñas, tonto, necio, narcisista, egocéntrico, gregario, consumista, consumidor de las mitologías del momento, amoral, sin memoria, racista, cínico, sexista, misógino, conservador, reaccionario, oportunista y con algunos rasgos de la manera de ser que define un fascismo ordinario. Constituye un socio ideal para cumplir su papel en el vasto teatro del mercado nacional, y luego mundial. Este es el sujeto cuyos méritos, valores y talento se alaban actualmente. (Michel Onfray)


miércoles, 29 de febrero de 2012

«HAY CASOS DE GENTE SOLITARIA...». TRADUCCIÓN DE UN «CONTE CORRENT» DE JAUME CABRÉ (1990)


«...quién se acuerda del otro portero?»


HI HA CASOS DE GENT SOLITÀRIA...

Hi ha casos de gent solitària entre les multituds; gent que està davant dels ulls de posa-hi cent mil persones, però com si no hi fossin. Em refereixo al porter de futbol en el moment que el seu equip acaba de marcar un gol. Tothom mira els herois de la feta, el porter i defenses derrotats; però, qui se'n recorda de l'altre porter? Ha d'empassar-se l'alegria en pública intimitat. I qui es recorda del davanter que ha llançat un córner, en el moment d'haver-lo llançat? Els dos-cents mil ulls dels cent mil espectadors es claven a la pilota i el garbuix de contraris sobre la porta. El jugador del córner sembla que ha de demanar permís per tornar a entrar al joc.

HAY CASOS DE GENTE SOLITARIA…

Hay casos de gente solitaria entre multitudes; gente que está ante los ojos de digamos cien mil personas, pero como si no existiera. Me refiero al portero de fútbol en el momento en que su equipo acaba de marcar un gol. Todo el mundo mira a los héroes de la gesta, al portero y a los defensas derrotados; pero, ¿quién se acuerda del otro portero? Ha de tragarse la alegría en pública intimidad. ¿Y quién se acuerda del delantero que ha lanzado un córner, al cabo de un momento de haberlo lanzado? Los doscientos mil ojos de los cien mil espectadores se clavan en la pelota y en el revoltijo de contrarios ante la puerta. El jugador del córner parece que haya de pedir permiso para volver a entrar en el juego.

Jaume Cabré, Toquen a morts, 1977.



(Traducción al castellano de Jorge F. Fernández Figueras, «Cuentos corrientes», La Jornada Semanal, México, julio de 1990.)

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