El capitalismo ha formulado su tipo ideal con la figura del hombre unidimensional. Conocemos su retrato: iletrado, inculto, codicioso, limitado, sometido a lo que manda la tribu, arrogante, seguro de sí mismo, dócil. Débil con los fuertes, fuerte con los débiles, simple, previsible, fanático de los deportes y los estadios, devoto del dinero y partidario de lo irracional, profeta especializado en banalidades, en ideas pequeñas, tonto, necio, narcisista, egocéntrico, gregario, consumista, consumidor de las mitologías del momento, amoral, sin memoria, racista, cínico, sexista, misógino, conservador, reaccionario, oportunista y con algunos rasgos de la manera de ser que define un fascismo ordinario. Constituye un socio ideal para cumplir su papel en el vasto teatro del mercado nacional, y luego mundial. Este es el sujeto cuyos méritos, valores y talento se alaban actualmente. (Michel Onfray)


lunes, 1 de noviembre de 2010

CORRUPCIÓN, POBREZA E INMIGRACIÓN (2004)

Como se suele argumentar en este tipo de debates, en la mesa redonda sobre inmigración organizada por Amics de les Arts i Joventuts Musicals de Terrassa a finales de marzo una persona del público expuso la idea de que el flujo de inmigrantes hacia Europa se reduciría si se pusiera fin a la corrupción que empobrece los países de origen. No cabe duda, como se reconoció en el citado acto, que la corrupción en el seno de muchos gobiernos y administraciones de los países en desarrollo contribuye a agudizar la falta de perspectivas de futuro que arroja a muchas personas a buscar alternativas fuera de sus países. Sin embargo, resulta simplista e inexacto achacar sólo al mal gobierno de sus élites políticas la situación de pobreza que padecen los casi 2.000 millones de personas que sobreviven con menos de dos euros al día.
No vamos a negar que, con demasiada frecuencia, algunos políticos corruptos de ciertos países hayan actuado en beneficio propio, pero también es cierto que, durante siglos, los estados imperialistas occidentales han arrebatado directamente sus recursos naturales a los territorios colonizados militarmente y que, desde hace medio siglo, ese expolio se manifiesta indirectamente bajo la forma de la deuda externa propiciada por una nueva forma de colonización, la colonización económica.
Así, se ha afirmado que, en estos momentos, cada niño o niña que nace en el continente africano, nace debiendo unos 360 €. Poco futuro tienen esos niños, pero si sobreviven al hambre, la miseria y la enfermedad, pocas posibilidades tendrán de prosperar y hacer prosperar a sus países de origen cuando sus estados destinan en sus presupuestos cantidades cuatro o cinco veces mayores al pago de los intereses de la deuda externa (¡sólo de los intereses!) que a la escolarización.
Resulta ya casi un tópico hablar de la perniciosa influencia que han tenido las políticas neoliberales de instituciones como el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional (FMI), organismo éste que se apresta a presidir Rodrigo Rato. Pero lo cierto es que su ineficiencia y cerrazón han hecho incluso fracasar su propios planes especiales de apoyo a los países pobres. Un caso paradigmático es el de Honduras, denunciado por la ONG Intermón Oxfam con motivo de la asamblea anual de estos organismos celebrada el 24 y 25 de abril en Washington. El gobierno de ese país centroamericano, donde una tercera parte de los niños no concluyen la educación primaria y una cuarta parte de las mujeres son analfabetas, promulgó un plan para hacer frente a estas carencias y entró a formar parte en 2002 de la Iniciativa por Vía Rápida para la educación impulsada por el Banco Mundial, por la que iba a recibir 80 millones de dólares de donantes internacionales. Hasta la fecha, sólo ha ingresado 30 millones. El FMI, en vez de cooperar con Honduras, congeló una partida de 400 millones de dólares de ayuda por considerar que los profesores hondureños tienen un salario muy elevado, cuando en realidad apenas tienen para subsistir.

...una de las pocas posibilidades que se les ofrece es buscar su futuro en Europa

Por la situación expuesta, una de las pocas posibilidades que se les ofrece a millones de africanos y latinoamericanos con iniciativa es buscar su futuro en Europa. Es una alternativa personal para muchos, pero también una de las pocas oportunidades que tienen de apoyar a sus familias y a su país con el dinero que pueden irles mandando desde Europa o desde Estados Unidos. El Banco Mundial ha calculado que en 2003 el total de las remesas que los emigrantes enviaron a sus países ascendieron a 93.000 millones de dólares. Casi 30.000 millones de dólares fueron hacia América Latina; si tenemos en cuenta que la inversión extranjera directa (la que hacen las empresas) en la región fue de 36.600 millones de dólares, queda claro el impacto económico de la emigración.
Pero esa emigración no sería posible si desde la propia Europa no hubiera una demanda de su presencia. La «lógica» del mercado ha impuesto en los países desarrollados una política de precarización del empleo y de reducción de salarios, que combinado con un envejecimiento progresivo de la población y las expectativas laborales de la población autóctona, generan una demanda real de mano de obra en puestos de baja cualificación y baja remuneración. Los inmigrantes han constituido la mano de obra ideal —por una situación mucho más desprotegida y vulnerable— a la que recurrir para crear las condiciones que permitan ese proceso y, simultáneamente, el chivo expiatorio perfecto hacia el que dirigir la cólera irracional de los asalariados autóctonos ante el hundimiento del Estado del Bienestar (que, por cierto, en este país sólo llegamos a rozar en nuestros mejores momentos).
Incluso cuando no se dan situaciones de lesa ilegalidad —por desgracia todavía demasiado frecuentes—, el desconocimiento de la lengua, las trabas burocráticas y las diferencias culturales hacen mucho más difícil que un trabajador inmigrante pueda defender sus derechos —los que la ley nos reconoce a todos— si se produce alguna situación de abuso. Por eso nos hacen falta unas políticas de inmigración activas que afronten el reto de la interculturalidad y que dejen de apostar por el falso carácter disuasorio de las interminables colas ante las comisarías.

Adela Farré
Jordi F. Fernández

Miembros del Grup d’Opinió d’Amics de les Arts i Joventuts y cofirmantes del Manifest 2003 d’Amics de les Arts i Joventuts Musicals de Terrassa

(Publicat a Kaosenkared.net, 19 de maig de 2004,
i a Diari de Terrassa, 8 de juny de 2004.)

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